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Agua y Desarrollo en Colombia - La inconveniente gestión de la riqueza hídrica es la propuesta de la Universidad Central para el IX Foro Nacional del Agua a celebrarse en 2018.

Esta iniciativa nace del momento actual que vive el país signado por un proceso de paz que inicia una larga etapa de implementación con la esperanza de que sea estable y duradera, así como de las propuestas en algunos casos distantes, y al parecer irreconciliables, que desde diferentes sectores se plantean en materia de desarrollo económico y sobre el modelo que mejor lo soporte; la crisis del agua, el cambio climático y los fenómenos de variabilidad climática, cuyos efectos no son ajenos al territorio nacional y que se han manifestado en eventos cada vez más recurrentes de inundaciones, sequias, racionamientos, pérdidas económicas y de vidas humanas; las orientaciones y las dinámicas políticas, económicas, sociales, culturales y ambientales que desde el nivel global penetran y condicionan la política nacional en diferentes ámbitos; la realidad geográfica, sociocultural, económica, política e histórica del país que define su identidad, y finalmente, la inmensa riqueza de recursos naturales, flora y fauna que hacen del territorio nacional una potencia y un referente mundial.

Todos estos aspectos son tan solo algunos de los elementos que hoy nos invitan a reflexionar acerca del papel que juega el agua en el desarrollo del país.

Esta propuesta nace del momento actual que vive el país signado por un proceso de paz que inicia una larga etapa de implementación con la esperanza de que sea estable y duradera.

Las conclusiones de los anteriores encuentros llevados a cabo en el marco del Foro Nacional del Agua (FNA): Agua, páramo y minería ¿Utopía de un desarrollo sostenible? (2012), La pobreza del agua - Geopolítica, gobemanza y abastecimiento (2014), El agua en la ciudad y los asentamientos humanos (2016), así como el Foro Regional desarrollado conjuntamente con la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS) en la ciudad de Ocaña, Norte de Santander, bajo el lema Cuenca río Catatumbo como eje de desarrollo en el proceso de construcción de paz (2017) son algunos antecedentes determinanrtes para que en esta novena versión del Foro Nacional del Agua se focalice la discusión alrededor del Agua y el Desarrollo del país en torno a tres ejes fundamentales, los cuales son abordados en términos del conocimiento, la gestión, las amenazas y las oportunidades con miras al desarrollo:

  • Aguas de la superficie
  • Aguas del subsuelo
  • Aguas marinas y costeras

Fecha: 27 y 28 de septiembre de 2018
Lugar: Teatro de Bogotá, calle 22 n.° 5-62




El Foro Nacional del Agua en su novena versión tendrá como objetivo la consolidación de un espacio académico que propicie, complemente y favorezca la participación y el diálogo de todos los sectores de la sociedad, así como de observadores, investigadores, estudiosos y críticos de los recursos naturales y el desarrollo, en torno a lo que se ha llamado "El Agua y el desarrollo en Colombia" para lo cual se han definido tres ejes conceptuales: aguas de la superficie, aguas del subsuelo y aguas marinas y costeras.


Colombia es un país rico en recursos hídricos tanto de aguas superficiales como subterráneas, cuya distribución la determinan fundamentalmente condiciones hidrológicas, climáticas y del relieve. De igual manera, el país ocupa un lugar privilegiado en el continente al tener costas en el mar Caribe y en el océano Pacífico. La gran riqueza hídrica, aunada a otros valiosos recursos naturales, representa un importante potencial para el desarrollo del país, así como una gran responsabilidad, lo cual pone de manifiesto la necesidad de reflexionar en torno al conocimiento, la gestión, las amenazas y las oportunidades que brindan las aguas superficiales, subterráneas y marinas con miras al desarrollo.

Desarrollo sostenible

El desarrollo sostenible se popularizó por la Comisión Brundtland en el documento Nuestro Futuro Común, donde se define como "el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades" (ONU, 1987).

El agua no solo es fundamental para la vida sino también para el desarrollo sostenible, tiene la capacidad de transformar sociedades o colapsarlas, por lo que desde finales del siglo XX su importancia en las estrategias para el desarrollo de las naciones no ha dejado de crecer. Por estos motivos, se ha hecho importante estudiar las relaciones entre el agua y el crecimiento económico con una visión amplia que perciba el agua como un verdadero factor decisivo de cambio y de desarrollo y no limitada únicamente a inversiones en sistemas de abastecimiento, saneamiento y drenaje.

Por otro lado, bajo la percepción de recurso natural renovable, escaso y susceptible de usos sucesivos y alternativos, se ha hecho factible la inclusión del agua dentro de la esfera económica, para hacer de ella más que un factor de producción, un factor de cohesión social, económico y ambiental; concepción que para algunos sectores es reducida a una simple mercancía que se puede comprar y vender frente a la percepción más humanista del agua como bien común.

Gestión del agua

La productividad del agua es otro aspecto que reviste interés y tiene que ver con la cantidad o el valor del producto expresado generalmente en biomasa o dinero sobre el volumen o valor del agua consumida o desviada; por ejemplo, el Banco Mundial mide la productividad del agua como la relación entre el producto interno bruto (PIB) del país en USD constantes del año 2010 por metro cúbico de extracción total de agua dulce.

En materia de empleo, el Informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo enfatiza que:

 Una gestión insostenible del agua y otros recursos naturales puede acarrear graves daños a las economías y a la sociedad, dando así marcha atrás a la reducción de la pobreza, la creación de empleo y a muchos de los beneficios aportados por el desarrollo a base de mucho esfuerzo.

(Unesco, 2016).

El mismo informe establece el agua como un componente esencial de las economías nacionales y locales, absolutamente necesaria para crear y mantener los puestos de trabajo en todos los sectores de la economía; en tal sentido, se indica que la mitad de la mano de obra mundial está empleada en ocho sectores que dependen del agua y de los recursos naturales, estos son: agricultura, bosques, pesca, energía, producción con uso intensivo de recursos, reciclaje, construcción y transportes.

De igual manera existen posiciones antagónicas respecto de la gestión del agua, por una parte, un modelo que encuentra en el mercado la capacidad de satisfacer con eficiencia y a menor costo posible las necesidades humanas, entre ellas las del agua, con lo cual otorga al sector privado el papel preponderante de la gestión y limita al sector público a la regulación, la vigilancia y el control; por otro lado, un modelo que parte del principio de que nadie debe lucrase con la satisfacción de necesidades humanas básicas, de que el agua no es una mercancía y menos aún un recurso estratégico del capital; atribuyéndole al libre mercado y al modelo económico preponderante la crisis ambiental y del agua que se percibe en el planeta.

El agua dulce es considerada el recurso natural más importante de la humanidad, es un bien transversal a todas las actividades sociales, económicas y ambientales, es una condición para toda la vida en el planeta, un factor propicio o limitante para cualquier desarrollo social y tecnológico, además de ser una posible fuente de bienestar o miseria, cooperación o conflicto.

De igual manera, los mares y océanos no solamente se constituyen como la principal fuente de agua dulce dentro del ciclo hidrológico global, sino que además son fuente de alimento y de energía, albergan incalculados recursos naturales, son el principal medio de comunicación y transporte de mercancías a nivel mundial y cada vez más, fuente de agua potable para algunas comunidades en crisis.

Bajo este contexto, es bien aceptado que la gestión de los recursos hídricos es esencial para generar riqueza, oportunidades de trabajo, así como para mitigar los riesgos asociados al agua y reducir la pobreza; sin embargo también lo es el hecho de que el desarrollo económico, la industrialización, los monocultivos, la generación hidroeléctrica, la minería y la explotación de hidrocarburos han supuesto en muchas ocasiones el deterioro de la calidad de las aguas, la destrucción de ecosistemas estratégicos y el agotamiento de las fuentes.

Por otro lado, hay quienes argumentan que las futuras guerras serán por el dominio sobre el agua, dejando atrás las guerras por la tierra o por el petróleo; sin embargo, en la actualidad los conflictos por el agua en los ámbitos local, nacional, internacional y global se han hecho más recurrentes en la medida que las demandas competitivas por el agua desde de los diferentes sectores productivos o de servicios se enfrentan a los límites del suministro, lo que hace al agua un determinante del conflicto y si se quiere, desde una perspectiva más positivista, una oportunidad para la construcción de paz, más aún en un país como Colombia, que entra en una larga etapa de implementación de los acuerdos de la Habana.

Necesidad de reflexionar en un momento oportuno y trascendental de la historia del país, acerca del papel que juega el agua en el desarrollo.

Los anteriores elementos dieron sustento a la necesidad de reflexionar en un momento oportuno y trascendental de la historia del país, acerca del papel que juega el agua en el desarrollo, centrando la discusión al alrededor de tres ejes temáticos que, si bien es cierto sistémicamente están relacionados, se abordan de forma independiente para enmarcar bajo líneas precisas el conocimiento, la gestión, las amenazas y las oportunidades que existen en las tres dimensiones que determinan la riqueza hídrica: aguas de la superficie, aguas del subsuelo y aguas marinas y costeras.

Colombia es reconocida a nivel mundial por su abundante oferta hídrica superficial; sin embargo, en términos hidrológicos esta oferta no se distribuye homogéneamente desde los puntos de vista espacial y temporal. Las cinco áreas hidrográficas (Caribe, Magdalena-Cauca, Orinoco, Pacífico y Amazonia), 41 zonas y 316 subzonas, que definen la zonificación hidrográfica del país, albergan sensibles diferencias que repercuten en la vulnerabilidad del sistema natural y de la estructura socioeconómica. A nivel nacional, el rendimiento hídrico de las aguas que fluyen se estima de 56 l/s/km2, de acuerdo con el IDEAM (2010), mayor al promedio mundial (10 l/s-km2) y al rendimiento medio latinoamericano (21 l/s-km2).

Además de las corrientes superficiales, seis pequeñas masas glaciares que aún persisten en el territorio nacional, conocidas comúnmente como nevados, actúan como reguladores hidrológicos en algunos sectores de la alta montaña colombiana nutriendo de agua líquida ecosistemas de páramo, considerados estos últimos verdaderas fábricas de agua a pesar de la baja extensión que ocupan respecto del área continental del país, cerca del 1.3 % y que, junto al bosque alto andino, integran la alta montaña colombiana. Finalmente, los cuerpos lenticos constituidos por humedales, ciénagas, embalses, lagunas y pantanos son importantes reguladores hidrológicos del sistema de aguas superficiales del país.

Respecto al aprovechamiento de las aguas superficiales, el IDEAM (2014) estima un volumen extraído de 32.000 millones de metros cúbicos por año que corresponden a cerca del 89 % de la demanda total nacional, la cual se distribuye 46.6 % para el sector agrícola, 21.5 % para la generación hidroeléctrica, 8.5 % para el sector pecuario y 8.3 % para el uso doméstico. El área hidrográfica del Magdalena, Cauca, que representa el 13.4 % de la oferta hídrica superficial demanda cerca del 56,3 % del agua.

Bajo este contexto, la adecuada gestión de las aguas superficiales con miras a promover el desarrollo sostenible del país deberá ser abordada tomando en consideración otros elementos de análisis, tales como el potencial existente en términos de:

  • Otros recursos asociados al agua para la producción y el ordenamiento del territorio
  • El cambio climático y la variabilidad climática
  • El deterioro de las corrientes hídricas y la contaminación
  • La afectación de los espacios fluviales naturales, la erosión, el uso irracional del recurso, el desperdicio y las pérdidas de agua
  • El acaparamiento, los ecosistemas estratégicos, las inundaciones, las sequías, la sedimentación, los trasvases y las cuencas transfronterizas
  • El retroceso glacial, la frontera agrícola, la minería y la gobernanza, entre otros.

Las aguas subterráneas son una importante reserva, representando cerca del 30 % del agua dulce del planeta, además son menos susceptibles a procesos de contaminación y degradación en comparación con las aguas superficiales.

De acuerdo con el IDEAM (2014), la zonificación hidrogeológica del país está definida por 16 provincias hidrogeológicas, 5 sistemas acuíferos trasfronterizos y 61 sistemas acuíferos de carácter local y regional que ocupan un área potencial equivalente al 74.5 % del territorio nacional con reservas estimadas en el orden de los 5.848 km3. De los sistemas acuíferos locales y regionales, el 73 % de ellos no cuenta con un nivel adecuado de conocimiento hidrogeológico; así mismo, respecto al aprovechamiento, se estima un volumen extraído de 4.000 millones de metros cúbicos por año de aguas subterráneas que corresponden a cerca del 11 % de la demanda total nacional.

La situación de las aguas subterráneas es crítica en Colombia, pues su conocimiento es deficiente e incompleto, además de ser un recurso ignorado, malgastado y con una creciente polución. Los acuíferos representan una importante reserva y una gran oportunidad para el desarrollo del país, especialmente ante la baja disponibilidad de agua, la ausencia de fuentes superficiales y los fenómenos de sequía; sin embargo, esta debe ser vista, analizada y abordada a la luz de la sostenibilidad sustentada en el conocimiento y la gestión. La falta de conocimiento, la extracción de aguas subterráneas a tasas superiores a las de renovación, la contaminación difusa espacialmente por actividades agrícolas, los vertidos y lixiviados desde fuentes puntuales, el fracturamiento hidráulico (fracking), y su efecto sobre las aguas subterráneas y superficiales, la intrusión marina, las formaciones acuíferas transfronterizas y la subsidencia regional son, entre otros aspectos, fundamentales para tomarse en consideración.

La masa de agua que cubre las grandes depresiones de la corteza terrestre forman los mares y los océanos, ocupando el 70 % de la superficie del planeta. Desde su formación, hace casi 4.000 millones de años, los océanos contienen la mayor parte del agua líquida, regulando el clima, el ciclo hidrológico y permitiendo explicar la diversidad de vida sobre la Tierra.

El 90 % de la biomasa viva del planeta se localiza en los océanos, pero el 80 % de la contaminación de mares y océanos se origina en actividades realizadas sobre los continentes; sin embargo, la humanidad aún no es consciente de dicha realidad.

Colombia cuenta aproximadamente con 3.531 km de costa sobre el océano Pacífico y el mar Caribe que le otorgan 892.102 km2 de aguas jurisdiccionales, por lo cual el país tiene un área marino-costera muy superior a la mitad del área continental (1.141.748 km2); no obstante, la soberanía perdida con Nicaragua sobre un importante trozo de aguas territoriales en el mar Caribe, ricas en recursos pesqueros y esencial para el desarrollo y la subsistencia de la población insular del archipiélago de San Andrés ha traido grandes consecuencias para el país desde diferentes esferas.

Desde el punto de vista hidrográfico 99 ríos principales desembocan en las costas colombianas, de los cuales 43 tributan en el mar Caribe y 56 en el océano Pacífico. La zona costera colombiana se constituye en el principal eje de desarrollo económico del país, especialmente por la realización de actividades relacionadas con el transporte marítimo el comercio exterior, el turismo, la pesca y el sector minero-energético (INVEMAR, 2016); así mismo aproximadamente el 12% de la población nacional se establece en zonas costeras y depende del mar para subsistir.

En materia de Desarrollo sostenible de los espacios oceánicos y las zonas costeras e insulares de Colombia, se abre un escenario de análisis y reflexión en el que además de considerar el potencial y las oportunidades en términos de comercio, transporte, recursos pequeros y demás recursos naturales, se aborden aspectos relativos a la consolidación de la soberanía nacional, la contaminación, la preservación de los ecosistemas marinos, la sobrepesca, el cambio climático, la normatividad y la regulación, el planeamiento de las ciudades costeras, la erosión, los derrames y vertidos, el conocimiento y la investigación, entre otros.


Si desea participar en el IX Foro Nacional del Agua, diligencie el siguiente formulario:


Fuentes:
  • Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). (2010). Estudio Nacional del Agua 2010.
  • Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). (2014). Estudio Nacional del Agua 2014.
  • Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar). (2016). Informe del estado de los ambientes y recursos marinos y costeros de Colombia.
  • Organización de las Naciones Unidas (ONU). (1987). Nuestro Futuro Común, Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
  • Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). (2016). Informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo 2016.

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