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Durante 11 días se llevará a cabo en París la COP21, evento en el que más de 150 países ratificarán su compromiso en la lucha contra el cambio climático.

El cambio climático no es una amenaza, es un hecho. El consumo desmedido, el incremento en el uso de automóviles (Bogotá registró un aumento del 6 %), la dependencia de los combustibles fósiles, la enorme demanda de materias primas, cuya explotación en muchos casos genera deforestación y contaminación de fuentes hídricas, y la escasa concienciación sobre el uso racional de los recursos naturales nos han llevado a un punto de no retorno en el calentamiento global.

Las condiciones climáticas en Colombia durante este año demostraron lo dicho por la Organización Mundial de Meteorología: las altas temperaturas registradas en ciudades como Bogotá o Tunja, la sequía en la Guajira y las variaciones en temporadas de invierno y verano comprueban que 2015 ha sido el periodo más caluroso de la historia desde la era preindustrial, y sus impactos son  más que evidentes.

En comparación con países como Qatar, Emiratos Árabes, Estados Unidos o China, que ocupan los primeros lugares en emisión de gases de efecto invernadero, Colombia es responsable de un 0.46 % del total global (2010), según datos del Ministerio de Ambiente. Sin embargo, como esta responsabilidad tiende a crecer, si no se asume un compromiso serio las emisiones podrían aumentar cerca de 50 % en 2030.

Los registros entre 1990 y 2012 sitúan a Colombia entre los 40 países con mayor responsabilidad histórica en la generación de gases de efecto invernadero, principalmente por la deforestación; 20 años en los que la temperatura ha aumentado 1 °C.

Esta edición, la 21 de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, servirá para determinar hacia dónde vamos en la reducción del impacto generado por la emisión de contaminantes. Según Mariana Panuncio, directora para el cambio climático de Latinoamérica y el Caribe de la World Wildlife Fund (WWF), “la firma de un acuerdo debe manifestar una intención común y sincera de cambiar la situación climática. Si todos los países están de acuerdo, será más fácil disminuir las emisiones”.

Para la ONG ambientalista Greenpeace es urgente la incorporación en el acuerdo, que probablemente se firmará en París, de “compromisos para asegurar la transición de un sistema energético adicto al carbón, el petróleo y la energía nuclear, hacia un sistema basado 100 % en energías renovables, pues es la única manera de estabilizar la temperatura media global por debajo de 2 °C, evitando así los peores impactos del cambio climático”.

Entonces, la importancia de la COP21 radica principalmente en la suma de acciones concretas propuestas por cada país participante, llamadas Contribuciones Nacionales Determinadas, que harán parte del acuerdo global que reemplazará al protocolo de Kioto (firmado en 1999 y puesto en marcha en 2005), y serán las cartas de navegación en la lucha por reducir los efectos del cambio climático.

Desde el Ministerio de Ambiente se han establecido las metas que Colombia llevará a la COP21, las cuales están dirigidas a lograr tres objetivos: 1) mitigación, 2) adaptación y 3) consecución de los medios de implementación.

Para alcanzar el primero, Colombia se comprometió a reducir el 20% de sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. Frente a este escenario se espera generar innovación, un uso eficiente de los recursos y el desarrollo de nuevas tecnologías, que promuevan la competitividad y el crecimiento económico. Además, de lograrse esto, el país podría ambicionar un 10 % más de reducción con miras a esa fecha.  

Dado que la adaptación es prioritaria, esta es una oportunidad para fortalecer el trabajo realizado hasta el momento: el país cuenta con 11 Planes Territoriales y 2 Planes Sectoriales de Adaptación al Cambio Climático, que cubren aproximadamente el 50% del territorio nacional y son el insumo para identificar la vulnerabilidad del territorio y definir medidas de adaptación.

Entre las acciones planteadas para conseguir este objetivo se encuentran la creación de un Sistema Nacional de Indicadores de Adaptación; fortalecimiento de la estrategia de educación sobre el cambio climático; delimitación y protección de los 36 complejos de páramos; aumento de la cobertura de áreas protegidas en más de 2.5 millones de hectáreas, y participación de 15 departamentos en las mesas técnicas agroclimáticas.

El tercer compromiso está encaminado a lograr la implementación de los dos puntos anteriores para alcanzar la meta global que busca evitar un aumento de 2 °C en la temperatura, en relación con la era preindustrial. Para esto, según el Ministerio de Ambiente, son esenciales el financiamiento, el desarrollo, la transferencia de tecnología y la construcción de capacidades.

Esto implica la consolidación de estrategias de trabajo con universidades y grupos de investigación para la generación de conocimiento y desarrollo tecnológico frente al cambio climático. En cuanto al financiamiento, el plan propone acciones de cooperación entre la sociedad civil, el Estado y las empresas, en pro de la transición hacia una economía resiliente y baja en carbono.

Con estos compromisos, Colombia espera no solo contribuir a la implementación de medidas definitivas para mitigar el cambio climático global sino generar un plan que, de acuerdo con los retos que exige el siglo XXI, promueva el crecimiento sostenible de su propia economía, a partir del trabajo con las comunidades agrícolas y la protección de los recursos naturales.

Aunque nos hemos demorado en tomar conciencia de esta situación, todavía estamos a tiempo de salvar el planeta.

Daniel Rocha Gutiérrez
Coordinación de Comunicaciones
Bogotá, D. C., 1 de diciembre de 2015
Imágenes: Departamento de Comunicación y Publicaciones

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