08 10 2016 fracking interna

El Gobierno colombiano quiere apostarle a una nueva técnica de extracción de hidrocarburos que, en teoría, podría mitigar la escasez de petróleo a la que se enfrentará el país en unos cinco años.

Esta técnica, llamada fracturación hidráulica o fracking, inyecta agua que contiene un 1 % de productos químicos a altos niveles de presión, produciendo fracturas a grandes profundidades que rompen la roca generadora y permiten extraer petróleo y gas. Sin embargo, alrededor de esta estrategia extractiva hay voces que expresan preocupación por sus posibles efectos en el medio ambiente y en particular sobre los recursos hídricos del país.

La economía colombiana depende en gran parte de las reservas de petróleo, los ingresos provenientes del crudo significan el 4,5 % del Producto Interno Bruto (PIB). Pero, estos ingresos podrían desaparecer en 5 años, pues las reservas se están agotando, no existen nuevos prospectos y la exploración es casi nula. El fracking, entonces, podría ser una respuesta a estas necesidades, al menos a corto y mediano plazo, pese a la incertidumbre sobre el potencial comercial de hidrocarburos de la que es consciente la industria petrolera.

El Gobierno Nacional acaba de firmar 13 contratos que explotarían el recurso en una amplia zona del país, especialmente en el Valle Medio del Río Magdalena, donde se concentrarían las mayores reservas probables. Este hecho ha causado la oposición de los pobladores de los municipios donde se ha proyectado perforar, así como de líderes y entidades ambientales, que ven esta tecnología como una amenaza que puede afectar cualitativa y cuantitativamente los recursos hídricos superficiales y subterráneos.

En cuanto a los riesgos sobre la oferta hídrica, se ha demostrado que la cantidad de agua necesaria para perforar un pozo mediante fracking está entre 20 y 45 millones de litros, de los cuales sólo el 10 % puede recuperarse con técnicas de descontaminación. Esta alta demanda de agua requiere estudios serios que no afecten a la región y a las comunidades cercanas. Pese a que el Valle Medio del Magdalena se caracteriza por grandes inundaciones durante la temporada de lluvias, lo que haría pensar que es una zona con sobre oferta de agua, esta en realidad no se aprovecha y la población sufre en épocas de sequía.

Por otro lado, recientemente se ha observado que existe contaminación de gas en acuíferos someros. En Estados Unidos se ha detectado presencia de gas disuelto en el agua de los acueductos de poblaciones cercanas a campos de extracción por medio de fracking, y publicaciones de alto nivel científico como Proceedings of the National Academy of Science (PNAS) han demostrado que el agua potable ha sido contaminada por fallos en los primeros metros de la cubierta de los pozos verticales (esta cubiertas son instaladas precisamente para prevenir la fuga de gases hacia los acuíferos).

Los riesgos para la salud, la seguridad y el medio ambiente que implica esta técnica no pueden ser ignorados, por lo que en Colombia existe una fuerte reglamentación técnica creada hace cinco años por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH). Esta reglamentación debe complementarse con información hidrogeológica a una escala lo suficientemente detallada como para estudiar el impacto ambiental y los requerimientos para los planes de manejo del recurso hídrico, con la que el país todavía no cuenta.

Puesto que la reglamentación técnica no coincide con el conocimiento técnico y ambiental necesario para hacer cumplir las normas, la Contraloría emitió una Función de Advertencia, ya que según esta entidad, al no adoptar medidas que permitan prevenir o evitar efectos negativos sobre los recursos hídricos, estos se estarían poniendo en riesgo de manera irreversible.

En el debate sobre esta nueva técnica, también llamada de las no convencionales, existen posiciones radicales y cerradas que lo hacen más complejo. Si bien es cierto que el fracking representa un riesgo y podría acabar con gran parte de nuestras reservas hídricas, también es cierto que estas son mínimas comparadas con las que se utilizan en el sector de la agricultura, por ejemplo.

La institucionalidad debe fortalecerse para proteger los recursos hídricos superficiales y subterráneos, que no solo se ven amenazados por esta técnica sino también por la minería, la deforestación, la contaminación de ríos y humedales, así como por una gran cantidad de factores que han venido aumentando en los últimos años y exigen estudios serios y detallados, acompañados de un estricto seguimiento de las autoridades ambientales para cumplir las regulaciones, como en el caso del fracking, que según el Gobierno están a la par de las mejores del mundo.

Douglas Quintero
Profesor Departamento de Ingeniería Ambiental 
Bogotá, D. C., 11 de agosto de 2016
Imágenes: Departamento de Comunicación y Publicaciones

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