Esta fue una de las conclusiones que dejó el conversatorio de la Universidad Central y la Fundación Oriéntame sobre los efectos de la guerra en el cuerpo y la sexualidad femenina.

12 13 2016 el cuerpo de las mujeres en el conflicto armado colombiano
Expertas analizaron los efectos de la guerra en la sexualidad femenina y en la subjetividad masculina, para propiciar una cultura de paz.

 

Una de las huellas más destructivas que dejó el conflicto armado colombiano está en la población femenina. Según el Registro Único de Víctimas (RUV), entre 1985 y 2012, 2.420.887 fueron víctimas de desplazamiento forzado, 1.431 de violencia sexual, 2.061 de desaparición forzada, 12.624 de homicidio, 592 de minas antipersona, 1.697 de reclutamiento ilícito y 5.873 de secuestro. La violencia ha generado genera dramáticas repercusiones en su procesos de desarrollo y en la construcción de su identidad.

Ante este panorama, el Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos (IESCO) de la UC y la Fundación Oriéntame realizaron el conversatorio ‘El cuerpo de las mujeres en el conflicto armado colombiano’, el pasado 30 de noviembre.  

Para analizar los efectos de la guerra en el cuerpo y la sexualidad femenina, el evento contó con la participación de

  • Judith Botero, de la Red de Derechos Sexuales y Reproductivos.
  • Luz Piedad Caicedo, de la Corporación Humanas.
  • Márgara Millán, socióloga y antropóloga social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
  • Natalia Poveda, abogada de la Mesa por la Vida.
  • Martha Patricia Forero, especialista en trabajo con víctimas.
  • Ana Jimena Bautista, de la línea de género del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad.
  • Olga Amparo Sánchez, de la Casa de la Mujer.
  • Daniel Inclán, especialista en la historia de la violencia en América Latina, de la UNAM.

Según los expertos, desde lo social se deben pensar las maneras de generar culturas de cambio. Para transformar las mentalidades violentas es necesario entender la problemática no solo desde lo económico y político, sino también lo cultural.  “Los hombres y las mujeres deben saber narrar lo ocurrido para transformar las culturas de guerra”. 

Además, hicieron énfasis en la urgencia de garantizar la autonomía que las mujeres tienen sobre sus cuerpos, en particular sobre su sexualidad. Por ello, se habló de las barreras que enfrentan las mujeres en el marco del conflicto armado para poder acceder a su derecho de interrupción voluntaria del embarazo, en los tres casos que despenalizó la Corte Constitucional.

Frente a esto, Natalia Poveda enfatizó que: “las mujeres que quieren ejercer esta acción tienen barreras para ver garantizada su autonomía reproductiva desde lo administrativo, judicial y cultural”.

A su vez, Ana Bautista explicó que hay una debilidad estatal en las zonas rurales para acceder a los servicios de salud y los trámites judiciales.

Las invitadas coincidieron en que las mujeres de estas zonas deben vestirse de cierta manera, perdiendo su autonomía y libertad sexual.

El cuerpo de las mujeres ha sido utilizado para controlar territorios, para mostrar el poderío militar que se tiene y la supremacía del actor armado sobre el grupo poblacional”, comentó Luz Piedad Caicedo.

Para Nancy Prada, “los relatos del rol de las comunidades en la mujer, han permitido conocer que la violencia sexual se ha dado con diferentes fines, uno de ellos, como corrección para supuestamente educarla”.

Esto ha llevado, según Martha Forero, a que quienes han sido violentadas, en muchos casos guarden, silencio para no ser revictimizadas. Por eso, el Estado debe reparar a las mujeres del conflicto armado, “debe consultarles qué las hace sentir reparadas, un ejemplo sería reestablecer su buen nombre”.  

Por otro lado, Olga Amparo Sánchez aseguró que el índice más alto de violencia contra la mujer no está en el conflicto armado sino en el hogar. Las expertas concluyeron que se debe hacer una investigación cualitativa sobre la violencia de género, que permita mejorar las condiciones para ser mujer en Colombia.  

Para el cierre de la actividad, se proyectó un mapping en la fachada del Teatro Faenza, denominado “masculinidades afirmativas para la paz”, como metáfora del cuerpo del hombre que puede transformar su identidad guerrerista en tiempos de posconflicto.

 

En palabras de Manuel Roberto Escobar, docente-investigador del IESCO

 

"Quisimos intervenir el escenario urbano para no hablarle a los hombres con tanto discurso, sino tratar de afectar sus emociones y su sensibilidad".

 

“Hacemos visible que Colombia no está llena de hombres guerreristas, que hay otras masculinidades. Somos hombres que cuidan, paternan, que defienden los derechos de niños y mujeres, y del medio ambiente”.

 

Giovanni A. Clavijo F.
Coordinación de Comunicaciones 
Bogotá, D. C., 14 de diciembre de 2016
Imágenes: Departamento de Comunicación y Publicaciones

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