10-31-2014-fantasma-faenza

 

Pasillos que recorremos a diario, salones recónditos, pequeños laberintos a los que no sabemos cómo llegamos, Teatros que esconden historias que muchos han preferido olvidar.

Nuestra Universidad ha sido escenario, lo es según algunos, de situaciones inexplicables, que rayan en lo paranormal y que por estos últimos días de octubre, cuando el ambiente se enrarece un poco, resulta interesante recordar.

Los lamentos de la Sede Centro

No nos referimos a las súplicas de estudiantes que dejaron todo para final de semestre; hablamos de historias que suceden después de que la Universidad termina sus labores académicas, cuando las personas que realizan los servicios generales y de vigilancia inician su jornada. Precisamente, una mujer que prefiere reservar su nombre y quien ha trabajado por más de dos décadas en la Universidad, nos contó algunas de las historias que le han hecho creer a la fuerza en presencias que se manifiestan de formas y en momentos inesperados.

Alguna noche, cuenta ella, mientras realizaba labores de limpieza en las oficinas de la torre Administrativa, de la oscuridad surgieron ruidos extraños, -¿quién entró?- gritó, tras un frío silencio, las luces se encendieron y los ruidos de sillas cayendo fueron más intensos cada vez. Ante tal manifestación no tuvo más opción que huir del lugar. Ella recuerda aún aquel evento con total detalle y claridad, pues fue la última vez que trabajó para el turno de la noche.

El dueño de la obra

El Teatro Faenza tiene un caracter emblemático innegable para la Universidad Central y también para ciudad, su historia está cerca de alcanzar un centenario y entorno a él, sí que se tejen historias. Desde la grandeza y sofisticación que representaba a comienzos del siglo XX, época en la que acogía los estrenos cinematográficos más importantes, así como a los cantantes y bailes de salón que reunían a la clase más acomodada de Bogotá; hasta la decadencia de la segunda mitad de siglo.

Por fortuna, hace ya 10 años, la Universidad decidió adquirir el Teatro y restaurarlo; fruto de ese proceso ha vinculado a reconocidos arquitectos, encargados de devolverle al Faenza toda su esplendor. Uno de ellos es Alejandro Legarda, quien también quiso compartir con nosotros la sorpresa que se llevó una mañana al llegar al Teatro y encontrar a un hombre mayor vestido de negro, en medio de los escombros. Su presencia lo alarmó en principio porque aquel elegante personaje no llevaba casco, así que reclamó a los obreros por dejar entrar personas sin la debida seguridad. Ellos, que ya sabían de quien se trataba, le explicaron al arquitecto que nadie había ingresado, por el contrario, el hombre de gabardina y sombrero era "el dueño de la obra", un fantasma que inspeccionaba durante todo el día los pormenores de la restauración y enfadado por no haber podido descansar el fin de semana, debido al ruido causado por las obras en el lugar, asustaba a todo aquel se interponía en su camino.

Los rumores cobran vida por estos días y quienes antes eran escépticos, comienzan a dudar.

Coordinación de Comunicaciones
Bogotá D.C, 31 de octubre de 2014
Imágenes: Departamento de Comunicación y Publicaciones 

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