05 14 2013 el hechizo de las flores una utopia educativa con esencia onirica

"Aprendí que uno no debe ser malo, hay que cuidar las flores y ser una persona bonita".

Regalos, envidias, peleas, sonrisas, enseñanzas, penitencias, sollozos, magia, hechizos, fantasía, música y baile formaron parte del espléndido mundo que se manifestó sobre las tablas del Teatro México, Auditorio Jorge Enrique Molina.

Los días 27 y 28 de abril de 2013, el público del Grupo de Teatro de Bienestar Institucional de la Universidad Central tuvo el placer de presenciar una obra, encantada por una escenografía mágica, llena de luces, colores y muchas lecciones para la vida. Por considerarse un reto para el Grupo de Teatro, al ser su primer estreno infantil, el resultado no pudo haber sido mejor: desde el adulto mayor hasta el más pequeñito estuvieron conectados y permanecieron dentro del mundo que Irina Dendiouk dejó en un libro y Gustavo Orozco como director se atrevió a materializar, con el objetivo claro de robar, sin censura, toda clase de sentimientos a los espectadores.

Los niños que asistieron a la obra de teatro, desde el momento en que pusieron un pie sobre el auditorio, tenían una expectativa enorme frente a lo que iba a suceder en el escenario y se manifestaron impacientes por el inicio de la obra. En el momento en que se escuchó la locución de bienvenida y presentación del elenco y se encendieron las luces del escenario, todos se sorprendieron al ver la composición de la escenografía que, desde ese primer momento, atrajo su atención, y no era para menos; era un mundo de sueños; las luces brillaban como si estuvieran hechizadas; las flores enriquecían el proscenio del escenario y sólo existía esa realidad ante nuestros ojos: ¡era hermoso!

La interacción que los actores tuvieron con el público fue bastante acertada, pues los niños, fascinados por cada escena, llevaban la cronología de la historia y se dejaban consumir por ella, respondiendo a lo que el actor preguntaba: participaban activamente como si formaran parte del montaje. Claro, no fueron únicamente los niños; los adultos y el público en general participaron del "hechizo".

La esencia de cada situación permitió llevar una profunda enseñanza: dos princesas que generaban envidia entre sí supieron que el trabajo mancomunado es importante y que tanto el sol como la luna forman parte de un mismo universo que se debe cuidar. Un duendecillo, que se dejó llevar por la tentación del dulce néctar de las flores sembradas por las princesas, aprendió que no debe abusar de la confianza que se le da. Estas y otras enseñanzas dejó "El hechizo de las flores" al público, pero ¿qué dicen ellos directamente?

"Me gustó mucho que las princesas son bonitas y son más bonitas cuando son buenas y juiciosas", "aprendí que uno no debe ser malo, hay que cuidar las flores y ser una persona bonita", "lo que más me gustó fueron las brujas y como se veía el humo", "aprendí que hay que cuidar las plantas y las flores", "me la quiero ver diez mil veces más". Estos y muchos otros fueron los comentarios de los niños que tuvieron la oportunidad de presenciar este maravilloso montaje.

El domingo, los niños de la parroquia San Juan Diego asistieron con el padre Wilfran Oyola, quienes salieron con grandes sonrisas y agradeciendo la función, pues nunca habían tenido la oportunidad de presenciar un evento como este. Felices, pidieron tomarse fotos con las princesas y con todos los personajes que alegraron un rato de sus vidas y les enseñaron grandes cosas para la eternidad. Por otro lado, los actores aseguraron estar muy conmovidos por la respuesta del público y su acogida y a la vez aseguraron que los niños son los más agradecidos en este tipo de funciones, porque se dan la oportunidad de entrar en las emociones del actor y de apropiarse de la historia en este arte.

Por su parte, Gustavo Orozco mantiene su posición frente a la importancia del público: "Todo se hace para ellos y gracias a ellos es que es posible hacer esto y vale la pena cada esfuerzo".

Finalmente, después de las numerosas felicitaciones a los actores, al director y a todos aquellos que participaron en la realización de esta obra infantil, que fue de una riqueza visual magistral; de fotografías para recordar, de sonrisas, abrazos y fuertes aplausos. El público se despidió de manera grata y afirmó que estará pendiente de los próximos estrenos del grupo de Teatro de la Universidad Central.

Se resalta, entonces, el arduo trabajo que hacen quienes integran el grupo y las ganas que tienen de no dejar morir el arte teatral, al dar lo mejor de sí mismos para contar siempre con lo más importante y valioso para ellos: el público.

Paola Quevedo Vizcaíno
Estudiante Comuniación Social y Periodismo
Bogotá, D.C., 06 de mayo de 2013

Imágenes cortesía de Alejandra Niño

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