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Foto: blogs.elespectador.com

 

Con sonidos extremos, pelos de punta y corazones latiendo se sintió la emoción y la expectativa por un evento sin precedentes donde el rock es el protagonista.

Y es que Rock al Parque no es cualquier concierto, es más que eso; es un sentimiento que une a más de uno; es algo inexplicable, intangible e indescriptible; es tener a su banda favorita que le canta gratis –llueva truene o relampaguee– durante tres días; es vivir el rock y sentir cómo corre por sus venas; es apreciar ese género musical que, desde hace décadas, atraviesa fronteras sin importar clases sociales, colores, gustos y edades.

Tal vez a Colombia llegó con el propósito de quedarse y hacerse sentir. No vino solo de pasadita ni a tomar café; llegó a contagiarnos de buena vibra. Como muestra de ello, uno de los festivales gratuitos más grandes de Colombia y América Latina está dedicado a este género. Rock al Parque es un evento para los amantes de la música que reúne a bandas nacionales e internacionales, que estremece a muchos y es el punto en el que la armonía y la unión hacen que la cultura siga creciendo.

En 2014, este festival cumplió 20 años, tiempo en el que ha brindado experiencias y encuentros musicales con espíritu rockero a miles de personas en el país; construido memoria, cultura y arte; le ha apostado a la paz y ha marcado la vida de muchos. Como es costumbre, este evento se realizó en Bogotá en diferentes escenarios, la Media Torta y su principal punto de encuentro: el parque Simón Bolívar, que estuvo dividido en tres ambientes: Plaza, el principal y más grande, Bio y Eco, un poco más pequeños, pero con un gran grupo de artistas dispuestos a entregar lo mejor para hacer de Rock al Parque un evento sin precedentes.

En esta edición se presentaron 87 bandas: 29 por convocatoria, 27 internacionales y 31 nacionales que hicieron de este evento uno de los más grandes y diversos de su historia y, seguramente, uno de tantos inolvidables.

Durante los tres días que duró esta edición de Rock al Parque, concurrieron más de cuatrocientas mil personas, con lo que se superó el récord de asistencia. Bandas internacionales y nacionales atrajeron a este numeroso público que cada año espera con ansias el momento de compartir y ver a sus grupos favoritos, entre ellos Molotov, Anthrax, Doctor Krápula, Aterciopelados, Cultura Profética, La Pestilencia, Superlitio y La Derecha, entre otros.

¿Les ha pasado que un corrientazo de emoción corre por todo su cuerpo y hace que todo parezca un sueño? Ese momento en el que anuncian que su grupo favorito estará pronto en el escenario y, además, ¡en un evento gratuito!, sin gastar un solo peso. Es tanta la emoción de los asistentes que muchos lloran al ver que eso que habían esperado por tanto tiempo se ha cumplido gracias a Rock al Parque, un movimiento de diversidad y cultura que, a pesar de todos los retos que implica la organización y logística de un evento de esta magnitud, le apunta a cumplir las expectativas con música para todos los gustos.

Después de tantos años, el festival propone espacios alternativos para los jóvenes, los artistas y los creadores de proyectos emprendedores. Rock al Parque ya no significa solo asistir a un concierto. Los espectadores pueden concurrir a espacios como la carpa de Ambulante Colombia, una gira de documentales emergentes e independientes, encargada de difundir sus mensajes mediante distintos trabajos audiovisuales. También hay espacios de relajación y carpas de emprendimiento que les permiten a los jóvenes conocer los productos de la industria independiente del país. 

Este gran proyecto, que ha marcado la historia de los festivales en la capital colombiana, comenzó en 1995 con la idea de Mario Duarte, cantante del grupo de rock La Derecha; Julio Correal, empresario y publicista, y Berta Quintero, quienes, gracias al apoyo del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, decidieron crear un espacio donde la música fuera un motivo para promover la sana convivencia, la tolerancia y el respeto por la diversidad.

¿Solo de rock vive el hombre?

Por tratarse de un festival que le apunta a la diversidad e inclusión, a lo largo de los años, Rock al Parque ha dado lugar a la participación de grupos de diferentes géneros musicales como La Etnnia, Chocquibtown, Esteman, Julieta Venegas... Incluso, en 2001, se dedicó un día completo a la música electrónica, con la participación de artistas como Kinky y Sussie 4, entre otros. Sin embargo, esta la diversidad de géneros en el festival no es de total agrado de muchos de sus asistentes, ya que manifiestan que ha perdido su esencia.

Como fiel asistente a Rock al Parque, Andrés Felipe Reina piensa que, efectivamente, este evento ha perdido su esencia con el transcurrir del tiempo: "uno estaba acostumbrado a ver solo rock, pero ahora se han abierto las fronteras de los escenarios y se han abierto espacios para otros géneros como el rap, por ejemplo. Esta vez trajeron a La Etnnia y no a todos nos gustó la idea de que estuvieran en un escenario de Rock al Parque, cuando hay escenarios como Hip-hop al Parque en donde tienen más cabida".

Y no solo Andrés Felipe se muestra inconforme; las redes sociales se llenaron de quejas, trinos en twitter y reclamos de asistentes que decían: "¿Cómo se les ocurrió?", "Este es un festival de rock, no de rap". Pese a todo, La Etnnia se presentó y también los raperos, y los exponentes del hip-hop pudieron hacer alarde de su música que, entre sonidos y líricas, también es rock.

Como consecuencia de ello, la asistencia al festival se ha visto menguada en más de una oportunidad y el tema de la diversidad e inclusión ha sido puesto en duda. Sin embargo, Rock al Parque ha mantenido su esencia e intenta no perder el norte entre tanta diversidad.

Camilo Mendoza, un joven que disfruta de las bandas y actividades de esta fiesta desde hace unos años, opinó: "me parece bueno que este evento le apunte a la diversidad e inclusión y que traiga a artistas de diferentes géneros como en este caso La Etnnia". Esto demuestra que, aunque muchos estén en desacuerdo con el fomento de la diversidad, otros asisten y disfrutan de la tolerancia y el respeto que se vive entre los asistentes, las nuevas olas de música y los espacios alternativos.

En conclusión, estén de acuerdo o no con la diversidad, muchos de los asistentes a Rock al Parque, ya sean rockeros, punkeros o metaleros, sintieron que la edición número 20 llenó sus expectativas y fue uno de esos tantos festivales que perduran en nuestra memoria y dejan recuerdos que, seguramente, las nuevas generaciones habrán de escuchar.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que Rock al Parque se ha convertido y consolidado en algo más que un festival. Este es un espacio en donde la diversidad, la cultura y la música se reúnen para llenar de alegría a todos sus asistentes y contagiarlos de la fiebre rockera, sin olvidar el respeto y la aceptación de las culturas emergentes.

Natalia Rozo, Jimena López y Paola Reina
Estudiantes del programa de Comunicación Social y Periodismo
Bogotá D.C., 14 de octubre de 2014
Imagen banner tomada de leartsas.com/rock-al-parque-20anos

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