05 24 2016 noticentral innovacion interna04

Hacer realidad ideas de emprendimiento capaces de generar valor e integración social y responsables con el entorno son los rasgos principales de la innovación social.

El término innovación social es un concepto reciente que se hizo popular a partir de 2008. Según Pablo Espinosa, director de la revista colombiana Innovación Social, la expresión hace referencia a la creación de empresa con el propósito de solucionar un problema social concreto que, a su vez, cambia las relaciones entre los agentes que participan o intervienen en la producción y consumo de cualquier producto o servicio que ofrece una empresa.

A finales de 2015, se llevó a cabo la primera de dos conferencias introductorias al diplomado en Innovación social, que ofrecerá próximamente la Universidad Central. A este evento asistió Alan Wagenberg, experto en responsabilidad social empresarial, quien expuso sobre la relevancia del concepto de valor compartido, creado por Michael Porter, de la Escuela de Negocios de Harvard. Este concepto se ha hecho imprescindible para que las empresas logren un impacto rentable y sostenible. Lea Innovar: ¿oportunidad o requisito?

“Todos nosotros consumimos; eso es lo que funciona hoy en día; vivimos en el capitalismo, en la globalización y la economía se mueve promoviendo el consumo de bienes y servicios. El problema de las empresas es que quitan más de lo que dan, y Porter reconoce que debemos cambiar el modo empresarial de pensar y operar. Tenemos que crear valor compartido para que la sociedad y el medio ambiente puedan funcionar bien; de lo contrario, vamos a acabar con todo”, afirmó Wagenberg.

En este contexto, el concepto de valor compartido también hace referencia a la creación de empresa a partir de la identificación de una necesidad o una problemática social para darle una solución y convertir esa solución en un producto o servicio de la sociedad de consumo.

Crear una empresa privada para la solución de un problema socioeconómico y crear valor compartido entre quienes aportan o pueden aportar para que la empresa exista, entre quienes poseen los recursos y quienes tienen los conocimientos necesarios para que el proyecto funcione es una estrategia empresarial más humanista, diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en la dinámica de creación de proyectos de emprendimiento. De esta manera se aseguran el impacto y la inclusión social, con oportunidades, diversidad en la experiencia para las personas y en pro de la preservación del medio ambiente.

Crear innovación social es el nuevo desafío para los economistas, los ingenieros y empresarios, especialmente de los países en vías de desarrollo.

Un ejemplo regional de este modelo empresarial, que une los conceptos de innovación social y de valor compartido para generar inclusión y desarrollo, es la empresa y organización social colombiana AguaLinda: Alma y tierra. Esta fue creada por el corredor de bolsa colombiano Pablo Acevedo, quien, tras asimilar que era 40 años mayor que su hijo David, que padece el síndrome de Lennox-Gastaut, y de entender que él no era inmortal para cuidarlo toda su vida, decidió poner en marcha este proyecto, que consiste en una finca en zona rural de La Calera (Cundinamarca).

“Me puse primero a estudiar qué es la discapacidad en Colombia, cómo trabaja el Estado con esto, qué centros específicos había en el resto del mundo, y descubrí que existían algunas llamadas aldeas comunitarias, las cuales les daban oportunidades a personas con necesidades especiales; entonces partí de la idea de ¡todos trabajábamos para todos!”, expresó Pablo Acevedo sobre su experiencia.

Una organización como esta, que ofrece alojamiento, comida, recreación y acompañamiento permanente de profesionales, no es fácil de mantener; es necesaria cierta inversión económica para cuidar a los residentes en unas condiciones humanas y dignas. Para ello, según su creador, fue necesario convertirlo en un hotel, en el que cada residente paga por su estadía y por todo el paquete de beneficios que este lugar puede ofrecer a quienes necesitan cuidados especiales por padecer alguna limitación física. El reto para este lugar con enfoque comunitario es que sea sostenible económicamente desde un modelo empresarial, pero con una visión de impacto social.

Además de sostenerse con lo que paga cada residente, AguaLinda busca apoyo de las Naciones Unidas y vende los alimentos orgánicos que se cultivan en su huerto (el cual provee el 35 % de la comida que se consume en la casa) y otros productos como mermeladas, confitería y artesanías, entre otros. Todos estos son producidos en la comunidad.

Este ejemplo de innovación social refleja la capacidad que tienen los emprendedores de poner en acción ideas de negocio rentables desde una mirada social, buscando aportar con equilibrio a las necesidades de las personas y en procuara de la preservación de los recursos naturales y el medio ambiente, pero también construyendo una economía sustentada en el mejoramiento colectivo.

Hélida Córdoba Solis
Estudiante del programa de Comunicación Social y Periodismo
Bogotá, D. C., 13 de junio de 2016
Imágenes: Departamento de Comunicación y Publicaciones

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