03 03 2014 la otra cara del maquillaje

La profesora Liliana Ruiz, del Depto. de Contaduría Pública, lidera una investigación cuyos hallazgos revelan una cara desconocida y menos glamorosa del maquillaje.

En nuestra sociedad, el maquillaje es sinónimo de feminidad y belleza. No hay mujer que, en mayor o menor grado, no lo utilice para resaltar y hacer más atractivos determinados rasgos de su rostro. Sin embargo, detrás de las capas de bases, labiales, rubores y sombras para los ojos, muchas veces se ocultan poderosos enemigos que amenazan la salud de las mujeres y la conservación del medio ambiente.

La profesora Ruiz Acosta es graduada en contaduría pública de la Universidad Mariana de Pasto. Asimismo, cursó una especialización en impuestos y una maestría en gestión empresarial en la Universidad Libre de Cali. Está vinculada como docente a la Universidad Central desde hace cuatro años y actualmente dicta las asignaturas Desarrollo Contable 1 y Proyecto Integrado Lógica Textual 1. También lidera el proyecto de investigación "Identificación, medición y gestión de las prácticas de responsabilidad social que viabilizan la sostenibilidad de las pymes de Bogotá, clúster cosméticos", que busca construir una herramienta útil para las pequeñas y medianas empresas de este sector productivo en aspectos relacionados con las prácticas de responsabilidad social.

Noticentral: ¿Cómo nació el proyecto?

Liliana Ruiz Acosta: El proyecto surgió, en primera instancia, de una serie de inquietudes sobre la mejor forma de integrar la función de investigación de la Universidad con las actividades de las empresas. Posteriormente, indagamos cuáles son los clústeres más importantes para la economía de Cundinamarca y, en especial, del Distrito. Como resultado, encontramos que el clúster de cosméticos presentaba ciertas variables en el tema de responsabilidad social relacionadas con el uso del agua y la contaminación cuyo análisis nos pareció importante. Por otra parte, queríamos brindarles a las pymes de dicho clúster herramientas que les permitieran identificar, medir y gestionar sus prácticas de responsabilidad social. El proyecto se está trabajando con los profesores Carlos Hueza, de Administración de Empresas, y Jaime González, de Contaduría Pública. Vale la pena mencionar que, en 2013, la Universidad lo financió durante 10 meses.

N. C.: ¿Qué grupos de investigación de la Universidad participan en el proyecto?

L. R.: Por parte de Contaduría Pública, participa el grupo Investigadores del Campo Contable, que está inscrito en Colciencias, así como investigadores del grupo GIGO, de Administración de Empresas.

N. C.: ¿En qué consiste el proyecto?

L. R.: Con este proyecto se busca desarrollar una guía para la implementación de las prácticas de responsabilidad social en el marco de un sistema de gestión. Esa guía se basa en la metodología GRI, el modelo de balance social desarrollado por la Asociación Nacional de Industriales (ANDI) y algunas propuestas del Instituto Ethos (una organización líder en el tema de la responsabilidad social corporativa en Brasil) y la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresas (Uniapac).

La guía que desarrollamos se enmarca dentro de la cadena de valor propuesta por Porter y se clasificó de acuerdo con su incidencia en lo económico, lo social y lo ambiental. Consideramos que, para empezar a desarrollar la responsabilidad social, se requiere un modelo de gestión en el que el primer compromiso que debe existir es el del empresario, el gerente o la persona que esté a la cabeza de la empresa. Posteriormente, se debe capacitar a todos los empleados de la empresa e informarles que esta se dispone a adoptar prácticas relacionadas con la responsabilidad social. Por último, se realiza un diagnóstico para determinar con qué grupos de interés se debe trabajar; en este caso, esos grupos serían los propietarios y los trabajadores de las empresas, así como los clientes, los proveedores e incluso la competencia.

N. C.: ¿Qué requisitos debe cumplir la empresa para implementar la guía sobre la adopción de prácticas de responsabilidad social?

L. R.: Los directivos de las pequeñas empresas suelen pensar que es indispensable destinar importantes recursos para implementar prácticas de responsabilidad social; nosotros consideramos que esto no necesariamente es así. Las empresas pueden comenzar con acciones básicas, tales como la clasificación de los residuos que generan sus procesos industriales; no obstante, nos encontramos con empresas que ni siquiera realizan este tipo de acciones.

Otro aspecto fundamental en todo sistema de gestión (específicamente relacionado con la responsabilidad social) es la comunicación. Esta se lleva a cabo a través de la elaboración de un informe en el que la empresa muestra a la comunidad lo que está haciendo, a fin de que sea verificado por terceros y de recibir retroalimentación.

N. C.: ¿De qué fuentes de información se valieron para la implementación del proyecto en empresas del sector de los cosméticos?

L. R.: Existen muchas organizaciones dedicadas a alertar a la comunidad sobre los peligros potenciales de algunos de los componentes de los cosméticos. Nosotros consultamos la base de datos de EWG´s Skin Deep Cosmetics, (http://www.ewg.org/skindeep/), perteneciente al Environmental Working Group, una organización dedicada a la investigación en el campo de la salud ambiental que ofrece información respecto a los peligros potenciales de los cosméticos, tanto para la salud como para el medio ambiente. Esta página se basa en investigaciones publicadas en revistas científicas. Allí, el usuario puede ingresar un ingrediente dado, a fin de obtener información sobre sus posibles peligros (por ejemplo, si es cancerígeno, si presenta toxicidad, es alergénico o tiene restricciones de uso).

También se consultó la página web http://www.lenntech.es/periodica/tabla-periodica.htm, que ofrece información sobre las propiedades químicas y los efectos sobre la salud y el medio ambiente de los diferentes elementos de la tabla periódica que se utilizan en la industria de los cosméticos.

N. C.: De acuerdo con sus investigaciones, ¿qué riesgos puede representar el maquillaje para las mujeres?

L. R.: El maquillaje le permite a la mujer disimular ciertos defectos físicos y, por tanto, puede hacer que se sienta más segura en una sociedad que rinde culto a la belleza; sin embargo, también puede representar grandes riesgos para la salud. Por ejemplo, cuando una mujer se aplica un labial, está consumiendo plomo constantemente, que es un elemento muy tóxico. A su vez, el dióxido de titanio —uno de los componentes de muchos protectores solares— presenta un riesgo moderado de producir cáncer. Los productos mentolados que se encuentran en las cremas dentales causan grandes daños en el medio ambiente, mientras que el butano y el isobutano, utilizados en los desodorantes, también representan riesgos moderados para la salud. No obstante, el componente que más controversia ha generado es el lauril del sulfato de sodio, el cual forma parte de muchos productos de aseo personal (jabones, cremas dentales, leches limpiadoras, etc.) y también puede poner en peligro la salud humana.

N. C.: Teniendo en cuenta el peligro que representan todos estos componentes para la salud, ¿qué cosméticos deberían utilizar las mujeres?

L. R.: Realmente no podría recomendar ninguno, pues por más que las empresas afirmen que producen cosméticos naturales, estos siempre contendrán elementos químicos que afectan la salud o para el medio ambiente. Por tanto, recomendaría que las mujeres opten por la tendencia de los productos naturales y eviten el maquillaje en lo posible. También deben tomar en cuenta que no siempre las marcas de cosméticos más caras son las mejores, es necesario tener mucho cuidado con el uso de todos los cosméticos, desde el maquillaje y las cremas, hasta los jabones. Todos estos productos pueden causar daños a la piel o afectar las fuentes de agua a causa de los residuos que generan.

N. C.: Ante este panorama, ¿qué recomendaciones les daría a las mujeres en relación con los productos para el maquillaje?

L.R.: Que procuren disminuirlo o evitarlo y que asuman una actitud de responsabilidad con ellas mismas verificando que sus productos contengan sustancias naturales. En este sentido, es necesario aprender a leer la etiqueta, así como a identificar aquellos ingredientes que son perjudiciales para la salud. Otra recomendación especial es que tengan mucho cuidado con los esmaltes, ya que a veces las marcas más económicas utilizan bases para pintura general y no para uso en seres humanos.

N. C.: Existe una segunda etapa del proyecto, ¿qué objetivos buscan alcanzar con ella?

L.R.: Sí, existe una segunda etapa, en la que el investigador principal será el profesor Carlos Hueza y yo participaré como coinvestigadora. El objetivo es identificar los requerimientos organizacionales para que las empresas puedan implementar el sistema de gestión y desarrollar prácticas de responsabilidad social; de igual manera buscar mecanismos de acción para que junto con el Estado podamos empezar a trabajar con las empresas.

A través de la Cámara de Comercio obtuvimos una base de datos de 100 empresas dedicadas a la industria de los cosméticos, de las cuales 85 no estaban interesadas en informarse acerca de las prácticas de responsabilidad social; por tanto, consideramos que es necesario, mediante la fuerza reguladora del Estado, trabajar con estas empresas, pues las 15 empresas con las que fue posible trabajar hace que el impacto del proyecto no sea el planteado inicialmente. Entre estas últimas puedo mencionar Productos de Belleza Ana María S.A., Bellethique Corporation Ltda., Manone Paris S.A.S., Distribuidora El Eden S.A.S. y Best Cosmetics.

N. C.. ¿Qué beneficios le reportará este proyecto a la Universidad?

L. R.: La Universidad se beneficiará en la medida en que la investigación los sus vínculos con las empresas. Esperamos que esto se logre mediante la producción de un conocimiento que sea útil para que los empresarios implementen o modifiquen sus prácticas de responsabilidad social.

 

Gloria Yineth Perilla Enciso
Coordinación de Comunicaciones
Bogotá, D.C., 03 de marzo de 2014
Imagen: Departamento de Comunicación y Publicaciones

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