Con la publicación de una entrevista, Noticentral rinde un homenaje a Gilma Jiménez, la mujer que se convirtió en defensora y promotora de los derechos de los niños en Colombia.

En 2009, la edición N.° 13 de NOTICENTRAL (enero-marzo) dedicó las páginas de su sección de invitados a Gilma Jiménez, en ese entonces consejala de Bogotá, con el propósito de ir más allá de la información universitaria y mostrar a la comunidad unicentralista la visión y el trabajo de esta asidua representante y protectora de la infancia.

A pocos días de su fallecimiento, Noticentral rescata, en entrevista realizada por Efraín Isaacs, las palabras de esta admirable defensora de la equidad social:

"Entre sus iniciativas más importantes se destacan el Acuerdo 138 de 2004, donde se establecen los estándares de calidad para el funcionamiento de los jardines infantiles; el Acuerdo 191 de 2005, mediante el cual se le da acceso a los adolescentes a medios de planificación gratuitos; el Acuerdo 209 de 2006, principal herramienta para combatir a las denominadas "chiquitecas", y el Acuerdo 280 de 2007, donde se establecen los "muros de la infamia" como instrumento de reparación por los niños que sufren abusos de los adultos".

E.I ¿De dónde surgió la inquietud de vigilar los derechos de la infancia en Colombia?, ¿qué la motivó a empezar con esta cruzada?

G.J. En la medida en que he ejercido mi profesión, he madurado alrededor de los temas sociales. Para nosotros, la construcción de equidad y de justicia social es nuestra razón de permanecer en lo público. Entre todas las desigualdades la más dramática es la que se expresa en los niños. Una sociedad, no importa su modelo económico o político, que no convierta a sus niños en su más importante capital humano no tiene ningún tipo de viabilidad ni posibilidades de sobrevivir. Las cifras que hay en este país en materia de violencia contra ellos son aterradoras y, en ese sentido, a pesar de las dificultades, hemos ampliado el sistema educativo y mejorado el tema de salud con el Sisbén, lo mismo que la vacunación. ¿Pero de qué nos sirve todo este trabajo, si a la salida del puesto de vacunación los van a golpear o a violar? Es una situación totalmente demencial. Cuando llegué al Concejo, tenía clarísimo el tema de los niños y me pregunté qué podía hacer por ellos; entonces decidí trabajar desde la reglamentación.

 

E.I Siguen presentándose casos de muertes de menores en los jardines infantiles de la ciudad. Teniendo en cuenta la entrada en vigor del Acuerdo 138 de 2004, ¿en qué se ha avanzado sobre el control que deben ejercer las autoridades sobre este tipo de establecimientos? ¿Cuál es la situación actual?

G.J. Quince días después de la tragedia del Agustiniano, una volqueta en Suba se quedó sin frenos y se estrelló contra una casa donde funcionaba un jardín infantil. A raíz de esto me puse a investigar sobre qué requisitos se necesitan para montar un establecimiento de este tipo y me encontré que había más requisitos para establecer una guardería de perros. Creo que se ha ganado con este acuerdo: se sabe que desde ahora hay que reglamentar estos establecimientos. No obstante, es necesario decir que ha habido una profunda negligencia por parte del Gobierno distrital para aplicar la normatividad. Este proyecto de acuerdo y todos los relacionados con los niños, cuando se trata de resultados efectivos, tienen un costo muy alto: hay que cerrar los jardines si no cumplen los requisitos.

 

E.I No sólo en Bogotá, sino en toda Colombia, se presentan cifras alarmantes sobre embarazos no deseados en menores y adolescentes. Para usted, además de la importancia de proporcionarle a la población métodos de planificación gratuitos, ¿cuáles son los otros frentes en los que se debe trabajar y aún no se ha hecho nada?

G.J. Creo que falta una política pública en esta materia. El país debe trazarse una meta en tal sentido. Le voy a dar un ejemplo. La rectora de un colegio Distrital, cuando se trató de aplicarle el Acuerdo 191 en su colegio, decidió no aceptarlo porque le pareció inmoral. El problema yo no es de ignorancia, va mucho más allá; hay que educar a los jóvenes sobre cómo planificar.

 

E.I. El auge de las denominadas "chiquitecas" en Bogotá es evidente. Ya no solo se descubren en sectores populares, sino también, y de manera aún más clandestina, en estratos medios y altos. De acuerdo con lo anterior, ¿cuál es el balance que usted hace sobre la aplicabilidad del Acuerdo 209 de 2006 donde se modifican, al respecto, varios artículos del Código de Policía de Bogotá?

G.J. Este fenómeno surgió alrededor del reggaetón: los sábados y domingos, los niños iban a sitios de adultos a bailar. Así aparecieron las famosas "chiquitecas". Nosotros les dimos este nombre. Inicialmente tratamos el tema superficialmente. En aquella época advertí sobre el asunto. Lo que pasaba era realmente macabro: unos adultos montan un negocio muy lucrativo para inducir a niños al consumo de alcohol y drogas; los volvían adictos y luego los explotaban sexualmente. Encontramos las primeras "chiquitecas" en los estratos más altos. Luego empezaron las denuncias de la presencia en otros lugares de la ciudad. La gran ventaja es que neutralizamos un negocio monumental, el cual, obviamente, tiene un nivel de clandestinidad. Esto no quiere decir que ya no existan, pero indudablemente se redujo su número. Además, la opinión pública quedó en alerta roja, lo que es muy positivo.

 

E.I. Otra de sus iniciativas corresponde al Acuerdo 280 de 2007, donde se adoptan medidas, como los denominados "muros de la infamia", para la protección, garantía y restablecimiento de los derechos de los menores en Bogotá. ¿En qué va esta iniciativa y por qué cree que ésta ha sido tan polémica?

G.J. Al analizar la Ley para la Infancia y la Adolescencia, en uno de sus artículos decía que, como parte de la reparación a la cual tenían derecho los niños víctimas de la violencia sexual, los rostros de los violadores debían mostrarse por televisión. Entonces decidimos que en Bogotá, lo haríamos; así nacieron los "muros de la infamia". Jurídicamente es una medida supremamente fuerte; pero acá hablamos de abuso y explotación sexual, maltratos y asesinatos. Digo que el tema es fuerte porque ponemos en la picota pública a quienes violan niños.

Los "muros de la infamia" hicieron un aporte fundamental que hasta ahora estoy midiendo. Rompimos el silencio. La violencia contra los niños dejó de ser un tema ocasionalmente tratado para situarse en la agenda pública de este país. Después surgió el tema de prisión perpetua para los violadores de menores, que hemos impulsado dos veces ante el Congreso de la República, pero fue rechazado. Entonces decidimos hacerlo vía referendo y en esas estamos.

 

E.I. Con respecto a esta iniciativa del Referendo, en cuanto a la recolección de firmas ¿cómo se ha procedido?

G.J. Éste es un referendo donde no se ha pagado un peso para recoger una firma. Las personas descargaron de internet el formato, lo imprimieron, le sacaron fotocopias (pagadas de su bolsillo), recogieron las firmas y luego nos las enviaron. Nos habíamos propuesto la recolección de un millón cuatrocientos mil firmas, pero el 18 de diciembre entregamos, a la Registraduría Nacional del Estado Civil, 2.508.00, para revisión y análisis. Eso ya nos hace una mejor sociedad; es una construcción de sociedad muy importante, independientemente de lo que pase con el referendo.

 

E.I En su concepto, ¿cuál debe ser la función de las instituciones de educación superior en ese propósito de velar y proteger los derechos de la infancia en Colombia?

G.J. Por ejemplo, hace algún tiempo estuve en la Universidad Libre, en un conversatorio que realizó la Asociación Colombiana de Abogados Penalistas. Allí se reclamó que a los estudiantes debía dictárseles, entre todas las vertientes del derecho, una materia relacionada con la infancia. En caso de que prospere el referendo, se generaría un código penal y otro de procedimiento penal exclusivos para los delitos contra los niños, que serían los únicos que tendrían cadena perpetua. Será una revolución total de la justicia en Colombia. Es así como los jóvenes deben asumir la responsabilidad porque los adultos somos totalmente incapaces. Éste es un país de una incapacidad social impresionante. Ahí, los jóvenes tienen una función fundamental.

 

Efraín Isaacs
Departamento de Comunicación y Publicaciones
Bogotá, D.C., 03 de julio de 2013

Imágenes Departamento de Comunicación y Publicaciones

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