08-01-2014-las-jugadas-maestras-de-un-egresado

Como apasionado del ajedrez Yaser Contreras, egresado de Ingeniería Mecánica, sabe muy bien que para hacerles jaque mate a los desafíos en la vida es preciso hacer sacrificios.

El gambito de Evans es un movimiento del ajedrez que consiste en sacrificar un peón lateral al comienzo de la partida para lograr una posición de ventaja estratégica frente al adversario. Muchas veces, esta apertura exige el sacrificio de piezas más importantes, como un alfil o un caballo; sin embargo, la recompensa bien vale la pena, pues este lance permite organizar un ataque poderoso para capturar al rey.

Como apasionado del ajedrez, Yaser Contreras Fómeque, egresado del programa de Ingeniería Mecánica de nuestra Universidad, sabe muy bien que para hacerles jaque mate a los desafíos en la vida a menudo es preciso hacer sacrificios y renunciar a ventajas inmediatas. Ello también implica salir de nuestra “zona de confort” y adentrarnos en lo desconocido; de hecho, para Yaser la capacidad de asumir riesgos –cuidadosa y estratégicamente calculados– es uno de los rasgos que distinguen al verdadero emprendedor. Esta entrevista es la crónica de la exitosa partida que Yaser ha jugado en ese gran tablero de ajedrez que es la vida, uno de cuyos primeros movimientos fue escoger a la Universidad Central como el lugar donde sus sueños de desarrollo profesional comenzarían a hacerse realidad.

NOTICENTRAL. ¿Por qué eligió a la Universidad Central para estudiar ingeniería mecánica?

Yaser Contreras. Inicialmente, tuve amigos que habían estudiado acá y me comentaron acerca de la carrera. Luego analicé el pénsum y me pareció muy atractivo, así como el ambiente de la Universidad, pues desde un principio las personas que trabajan aquí me atendieron muy bien. A pesar de que la Universidad Central no era la más económica ni la más costosa, gozaba de muy buen nombre y reconocimiento en la industria.

N. C.: Cuéntenos un poco de su faceta de emprendedor. ¿Cuándo empezó a estudiar ya vislumbraba la posibilidad de ser empresario?

Y. C.: Cuando entré a estudiar ingeniería mecánica, ya tenía en mente el objetivo de ser empresario. En esa época trabajaba como diseñador mecánico en una empresa llamada Servimecol y, simultáneamente a mis estudios, tomé la decisión de fundar una oficina que ofreciera soluciones de ingeniería de taller a la industria. Dos años después, en 2006, la empresa se consolidó en el sector metalmecánico. Empezamos a producir estructuras metálicas, principalmente para los sectores de las telecomunicaciones y los transportes; entre los productos que comenzamos a fabricar se cuentan torres, monopolos y equipos de transporte como tanques, tolvas y plataformas. Hoy atendemos básicamente el mercado de las telecomunicaciones y las estructuras mecánicas para cubiertas y edificios.

N. C.: ¿Cómo ve la ingeniería en Colombia?

Y. C.: En general, en nuestro país los estándares en ingeniería son relativamente bajos. Creo que la educación que se ofrece es demasiado académica y poco práctica. Muchas veces al estudiante se le enseña diseño de máquinas, física, estática, dinámica y termodinámica; pero con frecuencia todo ese conocimiento se queda en la teoría. No se trata de que la educación se centre por completo en los trabajos prácticos, sino de decirle al estudiante para qué sirven los conocimientos que adquiere y cuáles son sus aplicaciones en la industria. Creo que esto mejoraría mucho el nivel académico y la preparación de los estudiantes a la hora de salir a trabajar.

N. C.: Y hablando de práctica, ¿en qué empresa realizó sus prácticas profesionales?

Y. C.: En Servimecol Ltda., allí trabajaba como jefe de ingeniería y desarrollé algunos de los trabajos para las materias de práctica de ingeniería.

N. C. ¿Cómo empezó su empresa? ¿Se asoció con alguien? ¿Cómo surgió esa idea de negocio?

Y. C.: Soy casado y tengo una hija. Con el salario que ganaba en Servimecol cubría los gastos básicos de mi hogar y la matrícula de la Universidad, pero no me alcanzaba para cubrir los gastos de mi familia. Por ello, me vi obligado a conseguir trabajos extra que desarrollaba en mi hogar; así, comencé a elaborar por mi cuenta diseños para otras empresas que necesitaban equipos de transporte, máquinas, estructuras metálicas, etcétera y llegó un momento en el que estos trabajos comenzaron a generarme más ingresos que los que obtenía como empleado; además, me exigían menos tiempo. Al ver estos resultados, pensé que si trabajaba como independiente posiblemente podría abarcar un segmento más amplio del mercado y conseguir mejores ingresos.

Fue así como monté mi empresa con uno de mis socios actuales. En un principio comencé a trabajar en una oficina que organicé en el comedor de mi casa en Soacha. Contraté a un dibujante llamado Mauricio Ortiz y le enseñé a utilizar el software de diseño. A propósito de esto, recuerdo con mucho cariño una anécdota que ocurrió con mi hija cuando tenía cinco años. Una de sus profesoras le preguntó dónde trabajaba su papá y ella, en su inocencia, le contestó: “Al lado de la cocina”. Por esto, cuando me preguntan cómo comencé mi empresa, digo como mi hija: “Al lado de la cocina”. Poco después, otro de mis socios, el ingeniero Erlindo Barbosa, egresado de la Universidad Incca, me propuso que trabajáramos en un negocio. Se nos unió el ingeniero Luis Bohórquez y formamos la empresa Bohórquez, Barbosa y Contreras Ingenieros, o BBC Ingenieros Ltda. Iniciamos operaciones en 2006 en Fontibón, cuando todavía estaba estudiando mi carrera en la Universidad.

N. C.:¿Cuántos empleados tienen la empresa en la actualidad?

Y. C.: La empresa cuenta con 37 empleados directos (incluyendo los socios) y tiene tres contratistas de producción, cada uno de los cuales emplea a 12 personas. Además, habitualmente tenemos entre 3 y 7 contratistas para los montajes, cada uno de ellos con una cuadrilla de 5 o 6 personas.

En cuanto a nuestras instalaciones, contamos con una bodega de 5.400 metros cuadrados en Fontibón y tenemos 12 equipos de soldadura de 400 amperios. También tenemos tres multicortadoras, una cortadora de plasma de 12 m, montacargas, una grúa, dos camiones para el transporte de las mercancías dentro y fuera de la ciudad y 25 equipos de cómputo. Además, hemos desarrollado un software de administración de la empresa que nos permite manejar las entradas y las salidas del almacén, las órdenes de producción, las órdenes de compra y las requisiciones de materiales.

N. C.: ¿Qué labor desarrollan los contratistas que trabajan con ustedes?

Y. C.: Nuestro trabajo consiste en producir y vender estructuras metálicas para telecomunicaciones, tales como torres y monopolos. Nuestra empresa se encarga de los cálculos, el diseño mecánico, los planos y la fabricación de estas estructuras; una vez que están listas en la planta, se hace el despacho al sitio de montaje y ahí es donde aparecen los contratistas externos con sus cuadrillas. Ellos se ubican en el lugar del montaje y hacen la adecuación, la obra civil e instalan las estructuras.

N. C.: ¿En su empresa trabajan otros egresados unicentralistas?

Y. C.: Sí. Uno de ellos es Mauricio Hurtado, quien se desempeña como jefe de ingeniería. También trabajo con Óscar Torralba y Mario Ramírez, quienes me han colaborado en la producción, el control de calidad y la ingeniería.

En la empresa también trabajó Fabián Bohórquez, estudiante de la Facultad de Ingeniería y quien está por graduarse. Él ya no trabaja conmigo, pues a todas las personas que se vinculan laboralmente a mi empresa les digo que esta es una escuela y no un hogar; somos una familia, pero como en toda familia, los hijos tienen que crecer, irse y hacer su vida. Por eso les insisto a mis empleados en que en algún momento deben salir a hacer su propia empresa y labrar su camino: esa debe ser la visión del profesional.

Por otra parte, me gustaría que muchos estudiantes unicentralistas se vincularan a mi empresa para hacer sus pasantías; sin embargo, curiosamente he tenido practicantes de otras universidades, pero no de la Universidad Central. Mi meta es enseñarles y contribuir a su formación, pues creo que el profesional se hace en tres momentos: el hogar, donde adquiere los valores que le permitirán convertirse en un buen profesional; la formación académica, que le servirá de base para todas las decisiones que deberá tomar como profesional y una formación práctica en la industria o en el comercio. Cuando se unen esos tres elementos, se obtiene un excelente profesional con la visión de ser el mejor.

N.C.: ¿Obtuvo alguna beca mientras cursaba la carrera?

Y. C.: Estuve becado gran parte de la carrera y logré el gran honor de sacar el mejor Ecaes en mi graduación y de todas las facultades de ingeniería en ese periodo. Para mí es un gran orgullo ser egresado de la Universidad Central.

N.C.: ¿En su etapa como estudiante practicó algún deporte que le permitiera acceder a una beca?

Y. C.: Siento gran amor por el ajedrez, y aunque no se me concedió ninguna beca por practicarlo, participé en un torneo de Ascún en representación de la Universidad.

N.C.: Hablando de ajedrez, ¿cuál ha sido su mejor jugada como empresario?

Y. C.: Como empresario, siento que mi vida profesional ha sido como un gambito de Evans, en el que es necesario sacrificar algunas piezas para jugar una buena partida. En mi caso, sacrifiqué la estabilidad que me ofrecía un empleo fijo, lo que garantiza un ingreso relativamente estable que permite adquirir ciertos compromisos. Sin embargo, cuando uno decide formar una empresa, nadie le garantiza nada y es como apostar un peón para ir por el rey. En mi caso también tuve la fortuna de matricularme en esta Universidad, que es muy generosa y me permitió estudiar de forma más o menos continua gracias a los auxilios económicos.

Creo que en la vida hay que jugársela toda para llevar a cabo cualquier empresa, ya sea la decisión de comprar una casa, formar una familia o crear un negocio. Eso fue lo que yo hice, pasé noches enteras elaborando diseños para entregar los productos a tiempo con la calidad óptima. Para mí esto ha sido un gran logro, sobre todo cuando pienso en las grandes dificultades que afronté en mi infancia, pues mi familia vivía en una casa con un techo de zinc que tenía muchas goteras y pocas veces recuerdo haber estrenado un par de zapatos; sin embargo, creo que si alguien asume el riesgo de luchar y jugársela con todo, y lo hace con sabiduría y con la ayuda de Dios y de su familia, puede lograr sus metas. Eso es lo que trato de inculcar a las personas que trabajan conmigo.

N.C.: A su juicio, ¿cuáles son sus principales fortalezas y valores?

Y. C.: Desde el punto de vista profesional, quizás mi mayor fortaleza es la proactividad. El hecho de querer aprender más y preocuparse por adquirir conocimientos por cuenta propia. En la actualidad, puedo programar en Access, HTML o MySQL, o hacer desarrollos en AutoCad o SolidWorks; todo ello lo aprendí por mí mismo. También tengo un buen nivel de inglés, que me ha permitido cerrar negocios con clientes; en este caso también tomé la decisión de estudiarlo de forma autodidacta.

En nuestra profesión, proactividad también es preocuparse por elaborar diseños en función de las necesidades de producción reales de nuestros clientes, lo cual es un aspecto que los estudiantes de ingeniería mecánica deben aprender y que a mí me gustaría enseñarles. Por ejemplo, cuando un cliente me solicitaba el diseño de un mueble especial para una máquina, lo primero que yo hacía era visitar su planta de producción para enterarme de cómo era el proceso de producción o qué herramientas usaba. De esta forma, hacía que mis diseños fueran muy funcionales, pues los elaboraba pensando en las necesidades del cliente. Otro valor importante es no engañarse ni engañar a la gente.

N.C.: ¿Qué palabras tiene para los estudiantes y los docentes de la Universidad Central?

Y. C.: A los docentes les diría que son los guías, los orientadores de los estudiantes. Para mí es importante que el docente conozca el destino que le espera al estudiante; por ello digo que el docente debería tener más contacto con la industria real. Para mí, un docente ejemplar debería tener las mismas cualidades de un estudiante ejemplar. ¿Cuáles? Un buen estudiante no se hace solo en al aula; se hace en la biblioteca, pero también se hace en el campo de trabajo. Sería maravilloso que los docentes desempeñaran un trabajo de planta en la industria, que les permita mantenerse en contacto con la realidad de la industria metalmecánica. Así, cuando le dicten las clases a los estudiantes, podrán prepararlos para lo que les espera en el mundo del trabajo. A los estudiantes les aconsejaría que no sueñen únicamente con un buen empleo, sino que tengan algo propio, que no castren sus posibilidades: deben crecer y crear empresa, para darles empleo a otras personas. Mi mensaje para los estudiantes es que se preparen para ser líderes, no seguidores.

Gloria Yineth Perilla
Coordinación de Comunicaciones
Bogotá, D.C., 4 de agosto de 2014

Imágenes: Departamento de Comunicación y publicaciones

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