07 20 2012 macho varon masculino

Julio César Pagés, un académico que quiere mostrar otras formas de ser y de asumir la masculinidad en una sociedad polarizada.

Durante La Toma 11, se abrieron diversos espacios para discutir y pensar el tema de la equidad de género en la educación superior y, más específicamente, en la responsabilidad de la Universidad como formadora de publicistas con una postura crítica frente a los discursos predominantes y capaces de propender hacia la equidad en el desarrollo y ejercicio de su profesión. Para ello, con el apoyo del proyecto Feges, la Universidad tuvo la oportunidad de recibir a dos importantes académicos cubanos que han dedicado sus estudios a este tema: Julio César Pagés e Isabel Moya. En esta oportunidad, hablamos con Julio César.

Este académico logró despertar en la comunidad unicentralista muchas inquietudes e invitó a superar las barreras impuestas por los prejuicios acerca de que los estudios de género son exclusivos para las mujeres y el sector Lgbti, como si estos fueran los únicos que deben luchar por la reivindicación de sus derechos. Él se presenta y se define como feminista, aclarando que los estudios de género buscan equidad y, por eso, se deben concebir y desarrollar tanto desde la perspectiva de las feminidades como de las masculinidades, campo en el que ha desarrollado sus investigaciones y sobre el cual tuvimos la oportunidad de conversar.

¿Cómo surge su interés por estudiar el tema de lo masculino?

Eso es una inquietud personal. Provengo de una familia donde soy el menor de cinco hermanos varones y, de cierta forma, viví la hegemonía de ellos sobre mí, además de la de mi mamá, que es una mujer feminista, aunque no ha militado en ninguna organización. Ya en la universidad, cuando estudié historia me pregunté: ¿por qué no estudiamos historia de mujeres? Eso, como persona involucrada en las ciencias sociales, me generó muchos otros interrogantes. Posteriormente, estudié una carrera relacionada con antropología de género en los Estados Unidos y pude ver cómo en una ciudad como Nueva York donde confluyen tantas culturas, los hombres tenían que cambiar roles en muchas ocasiones cuando se trataba de dinero, por ejemplo, en la comunidad china –que se caracteriza por ser machista- los hombres asumen roles tradicionalmente femeninos, que quizá no asumirían en su país de origen, puesto que hay una remuneración en el primer mundo por ello. Ese fue un interrogante: cómo al final, cuando hay dinero involucrado, los hombres cambiamos nuestros roles.

En los estudios de género se piensa lo masculino desde las orillas y es un tema normalmente abordado por mujeres. Explíquenos un poco de qué se trata y hacia quiénes se dirigen sus estudios

Cuando empecé a tratar el tema de las masculinidades me llamó la atención que estaba dirigido sobre todo al sector gay, que es de gran importancia, pues creo que los estudios de masculinidades que hacemos también van en contra de la homofobia. Sin embargo, hay un sector amplio y muy importante de la población que es el heterosexual, que no se ve reflejado en los estudios, pero si en las estadísticas de violencia contra las mujeres y en los banquillos de acusados.

Un hecho que resulta curioso es que por una parte toda la sociedad te condene y por otra te exija y te obligue a ser ese macho hegemónico. Así, cuando las personas educan un hijo varón, buscan que estudie una carrera que le proporcione éxito económico y cuando una mujer busca pareja se le dice "mira a ver la pareja que te buscas, ese hombre no tiene recursos". Es decir, de un lado está la fuerte exigencia cultural hacia los hombres de ser proveedores y del otro este nuevo discurso que les dice que pueden ser diferentes; entonces nos vemos atrapados entre dos aguas, una que dice que lo que haces está mal y otra que, cuando cambias, te dice que ese no es el hombre que la sociedad quiere. Creo que en ambos casos este problema podría ser resuelto si los estudios de masculinidades fueran más plurales en sus temáticas.

El año pasado estuve en el Congreso Iberoamericano de Masculinidades y Equidad en Barcelona, cuya temática era el activismo y la academia; creo que ahí, de forma simbólica, se veía que los grupos activistas más importantes estaban relacionados con el tema de la homosexualidad y no había nada relacionado con hombre, masculinidad, movimiento obrero, o masculinidades y deporte que son temas de la agenda central de los hombres, sin embargo, no son motivos de estudio, porque a todo el mundo le parece que esa actitud típicamente masculina tiene que ver más con el factor biológico que con nuestra construcción de género. Eso me parece importante.

¿Cómo se ha abordado el tema en Cuba, hay más hombres interesados en las masculinidades?

Mi país hizo un cambio político importante en el año 59 con la revolución, sin embargo, después de más de 50 años, aún existen los lastres del machismo. Las revoluciones, del tipo que sean, son hechas por seres humanos, los seres humanos recibimos y transmitimos códigos y los códigos machistas están incorporados en la derecha, en la izquierda, en el centro y en todas las ideologías. Creo que, libres de complejos, podemos incorporar a los hombres en estos temas que siempre nos han llamado la atención y hablarlos desde la equidad. Por eso, en el caso de Cuba estas convocatorias son masivas. Hemos logrado convocar a hombres deportistas, músicos, académicos, estudiantes universitarios y trabajadores.

Aclárenos un poco cómo se concibe el machismo versus la masculinidad y su relación con el feminismo

Para la inmensa mayoría de los hombres existe la idea del feminismo como la hiperbolización de las hembras. Esta es una visión errada del movimiento feminista, un movimiento ideológico y de derechos. Por ello, es importante tener claro este tema a la hora de definir las masculinidades y no establecer símiles entre el machismo y el feminismo porque no son corrientes que van en paralelo, ni son similares. Sin embargo, desde los medios de comunicación se trata de satanizar en una guerra de los sexos enfrentando posturas extremadamente feministas y extremadamente machistas como si esa fuera su esencia, lo cual va en contra del movimiento feminista y de la posibilidad de establecer puentes entre hombres y mujeres.

Creo que el feminismo dio un impulso para que debatiéramos las masculinidades. No es que lo hagamos porque las mujeres nos estén robando un espacio, sino que inspiraron a los grupos de hombres para trabajar y tener una visión mucho más personal y humana de sí mismos, más allá de las hegemonías y las competencias. Yo creo que eso se lo debemos al feminismo y de ahí nuestras alianzas.

¿Por qué cree usted que es importante para los hombres estudiar y cuestionarse sobre este tema?

Los países latinoamericanos tienen fama de ser muy machistas, sin embargo en ese machismo existen comportamientos que se encuentran en la inmensa mayoría de países del mundo. Ese latino macho es la imagen que nos vende la industria cultural, y que parece ser una muralla contra la cual chocamos. La forma que hemos elegido para derrumbarla es desde la educación y la cultura, por eso es importante unir la experiencia que hemos tenido en Colombia con la de otros países para crear un movimiento de redes que pueda hablar de buenas prácticas.

Y porque cuando se vive una masculinidad más tranquila, más cercana a la propia naturaleza humana, se resuelven muchos complejos a la hora de relacionarse con las mujeres y también con los hombres, no se mira al otro con recelo, como tradicionalmente nos miramos. Así que estoy seguro de que los hombres y las mujeres del mañana vamos a aprender mucho del feminismo y de las masculinidades en cuanto a los puentes de comunicación.

A propósito del tema de publicidad y género, tratado en La Toma 11, hemos observado cómo la imagen del hombre también es estereotipada en la publicidad, ¿cuál es su recomendación para que haya equidad en este campo?

Generalmente, cuando una publicidad involucra a una modelo que sale desnuda, hay una resistencia de los grupos feministas, desde posturas que buscan que la mujer no sea vista como un objeto de deseo sexual y un producto más para consumir; en el campo de las masculinidades no. Es decir, muchas de las propagandas que vemos, reflejan un tipo de hombre y de masculinidad hegemónica, basada en una fuerza y virilidad construidas en gimnasios y con medicamentos que, sabemos, van en contra de la salud. Por eso, cuando hablamos de que la publicidad tenga una perspectiva de género estamos pensando que sea en equidad, de lo contrario, en diez o quince años nos veremos en la necesidad de reivindicar los derechos de los hombres en la publicidad. Por tanto, vamos a economizar tiempo y esfuerzos si hablamos de construir una nueva imagen de hombres y mujeres que no sean hegemónicos, que no sean objetos sexuales.

Cuando vemos las imágenes que aparecen en la televisión, día a día en los noticieros, vemos grandes cantidades de hombres involucrados en riñas, ya sea por deporte o por política, al analizar esto uno se pregunta porqué esa cultura de la violencia no puede ser suplantada por una cultura de paz. Yo creo que por eso tenemos que replantearnos cómo somos los hombres de nuestra sociedad, cómo nos convertimos en una etiqueta de machos, varones, masculinos.

 

Diana María Mantilla
Coordinación de comunicaciones
Bogotá d.c., 20 de julio 2012

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