Este 22 de abril se conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra. La tarea para todos es que nuestra huella ecológica desaparezca rápidamente.

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Esta efeméride tiene por objeto evidenciar la enorme vulnerabilidad del tercer planeta del sistema solar como consecuencia de la intervención avasalladora del ser más evolucionado que lo habita: el hombre.

Un planeta que hace unos 4.500 millones de años logró solidificarse, en un ambiente regido por el caos, para dar cabida a una serie de acontecimientos geológicos y fisicoquímicos que crearon las condiciones necesarias para la vida; que durante sucesivas eras geológicas ha pasado de lo simple a lo complejo, soportando cinco extinciones masivas generadas por cataclismos en su interior o provenientes del espacio. Desastres de proporciones bíblicas que, providencialmente, dieron lugar a un paraíso para que el Homo sapiens sapiens hallara el ambiente propicio para multiplicarse y dominar la Tierra. El génesis.

Y aunque nuestra presencia es insignificante en el tiempo geológico, hemos consolidado un modelo de relación inestable y muy alejada del equilibrio natural, que desconoce las leyes y principios que rigen la Tierra. Esto, indudablemente, ha ocasionado un cambio de estado planetario, no dimensionado aún en su totalidad, desconocido por algunos o desestimado por otros, para el cual no estamos preparados.

La era actual del Antropoceno (nombre acuñado por Paul Crutzen en 2001) está caracterizada por lo siguiente: i) pérdida de biodiversidad y extinción de especies por caza excesiva y deterioro de los ambientes naturales; ii) contaminación y alteración masiva de ecosistemas; iii) consolidación de las ciudades como hábitat del hombre; iv) aparición de radioisótopos como resultado de explosiones atómicas y accidentes nucleares, y v) cambios en la magnitud de los ciclos biogeoquímicos, principalmente.

Todo lo que extraemos, usufructuamos y consumimos de nuestro hogar planetario tiene un término y un fin; sin embargo, hemos transgredido esos límites en busca de un falso bienestar común que solo ha beneficiado a unos pocos, dejando para la mayoría pobreza y desolación en un sistema totalmente artificial donde se evidencian muchos problemas ambientales globales, a saber:

Desertización de suelos y su pérdida de calidad y productividad,  deforestación, pérdida de la biodiversidad, contaminación de los cuerpos de agua, reducción de la oferta hídrica para diferentes usos, acidificación de los mares y pérdida de su productividad, contaminación atmosférica, aumento de la concentración de metales pesados y compuestos orgánicos persistentes en los organismos y alimentos, cambio en la magnitud de los ciclos biogeoquímicos, principalmente del carbono y el nitrógeno, y calentamiento global, entre otros tantos.

Se prevén días aciagos para la actual y las futuras generaciones, puesto que el cambio del estado presente del planeta Tierra está marcado por la incertidumbre y la no linealidad; ello dificulta la predicción de escenarios no deseados y nuestra preparación para salvaguardar el patrimonio material e inmaterial que hemos consolidado a través del tiempo, así como para asegurar nuestra permanencia como especie en un sistema que no nos necesita para existir.

La tarea para todos nosotros es que nuestra huella ecológica desaparezca rápidamente para dar la oportunidad de disfrutar un paraíso a los que conocemos y a los que nunca conoceremos. Recordemos que nuestro papa Francisco, que pronto nos visitará, dejó claro en su encíclica Laudato Sique “si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida [razón por la cual] la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo”. Recordemos que nosotros somos producto del aliento de vida. ¡Podemos hacer un mundo mejor!

Nota: Aunque el concurso institucional “Mide tu huella ecológica” terminó esta semana, los invito para que en un momento del día interactúen con el aplicativo del Global Footprint Network: http://www.footprintnetwork.org/resources/footprint-calculator/

 

Cristian Julián Díaz Álvarez
Director del Departamento de Ingeniería Ambiental
Bogotá, 21 de abril de 2017
Imágenes: Dpto. de Comunicación y Publicaciones

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