2015-09-22-columna-medios-sociales

Los medios sociales pasaron de avivar las relaciones interpersonales a estar desbordados de publicidad. En ellos, la comunicación orgánica es cada vez más difícil.

Hace una década asistimos a uno de los momentos más importantes de la humanidad: el paso de una internet que únicamente enlazaba información a otra que conectaba a las personas. Esa, que Tom O'Reilly denominó 'Web social' o 'Web 2.0', se hizo visible con la penetración de redes sociales como MySpace, Facebook, Hi5, Flickr y Sonico. ¿Cuál era su misión? En ese momento solo se trataba de una palabra: amistad.

Un día abrimos los ojos y ya formábamos parte de un mundo 3.0. Ya no se hablaba de redes sociales sino de redes de conocimiento. Ya no estaba solo Facebook, también Twitter, el fenómeno de YouTube, las presentaciones en línea y los medios especializados como LinkedIn.

Los gerentes de marketing, las celebridades y las marcas aprovecharon ese movimiento orgánico para conectarse con sus clientes, usuarios y admiradores. Comenzó la lucha por los fans. Seth Godin nos convenció de que el éxito de casi cualquier proyecto estaba garantizado si lo respaldaba una tribu, es decir, un grupo de personas que lo hiciera posible y visible.

Pero las cosas cambiaron y hoy los anuncios están codo a codo con las historias que publican nuestros amigos. Preparar una estrategia de comunicación orgánica es cada vez más difícil porque si no se pauta, no se ve. A medida que los canales se hacen masivos, crece el grado de dificultad para optimizarlos.

Lo que antes era gratis ya no lo será nunca. En los medios sociales, como en el resto de medios, el marketing le gana el pulso a la comunicación.

Columna de opinión de Amanda Zabaleta
Bogotá, D. C., 22 de septiembre de 2015
Imágenes: Departamento de Comunicación y Publicaciones

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